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Nieve blanca, sangre roja. Crónica de los exiliados.

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Nieve blanca, sangre roja. Crónica de los exiliados.

Mensaje por Lans Tartare el Dom Nov 17, 2013 10:52 am

Los ejércitos de Beld Tartare tras un año de viaje han llegado a las puertas de Asbru, atrás quedaron los puertos del sur del Puño de Hierro y el puerto gaviota del Cielo de la Libertad.  Las cabalgatas y largas jordanas de andar, los campamentos en lugares hostiles, la incertidumbre, y ahora se encuentran en el norte, en el comienzo del norte, ya no pueden andar mas sin rumbo, han de establecerse de una buena vez en algún lugar aunque deban hacerlo a capa y espada. La vergüenza del destierro y el dolor de todos los seres queridos que fueron pereciendo en el camino acompaña a esas buenas gentes que solo tiene un deseo: Vivir.

Los estandartes de los paladines y caballeros que antes pertenecieron al Puño de Hierro ondean altos, el viento fuerte los hace flamear, el sonido de las telas moviéndose con violencia se hace escuchar por sobre la respiración de los miles de hombres y mujeres que luchan día a día por sobrevivir.  A la cabeza de todas esas almas  se encuentra el Señor de todos ellos, el gran Beld Tartare, caballero que sirve sin traición y valeroso como pocos, es la cabeza insignia allí de toda esa legión armada.  A la derecha de ese hombre se encuentra uno de similares rasgos, muy corpulento y de mirada seria, mucho más joven que él, de seguro que tiene al menos 15 años menos que el Señor. Ese joven hombre es el hijo de Beld Tartare, su heredero que responde al nombre de Lans Tartare, valeroso y bien diestro en el combate, ya ha mostrado su valía en los campos de batalla del Puño de Hierro, pero ahora ha de demostrar una temple nunca vista en él, la de un viudo que ha de cuidar y criar a una infanta de apenas 2 años de edad, su heredera, la pequeña Shurelya Tartare. A la izquierda del rey se encuentra un gran veterano de guerra, el maestro de armas que ha enseñado no solo al joven príncipe a combatir, sino también a muchos cientos de caballeros de alta alcurnia y valor. Gautier Florent es el nombre de tan fiel vasallo quien espera que su joven hijo recientemente armado caballero demuestre tener la sangre de su padre.  Otros muchos fieles caballeros mas se encuentran entre ellos, otros buscan ganarse la valía y la vida allí, muchos otros buscan dinero o un propósito en sus vidas. Miles de vidas miles de historias se abrazan la una con la otra en un único aliento: Vivir.

El Señor de todos esos corazones se gira hacia ellos, preparado para dirigirse a su pueblo antes de que comience la primer batalla real de conquista desde que fueron exiliados, lo que diga Beld Tartare puede marcar la fina línea entre el fracaso y la gloria, entre la vida y la vida.

-¡Alabado sea el Master, Padre espiritual!
Sabed bien cada uno de vosotros que las gentes de Asbru temen nuestra proximidad.
No hay ya mas palabra que valga, solo el combate lo solucionara
No olviden sus plegarias, escuchad la voz de su Señor y de su Santidad.
Habéis sido desterrados por un mal que no habéis cometido, mas sin embargo vuestras manos lo consintieron… Y así nos habéis juzgado aquellos traidores a la palabra dada.-


Un gran silencio se hizo presente, y entonces el sacerdote quien es el guía espiritual de todas aquellas buenas gentes comenzó a dar sus bendiciones a  aquellos que han de luchar y morir en ese santo día.

-¡Oíd mesnadas! Que el Master os guarde en el batallar.
Desde que nos apartamos  de la limpia y sagrada tierra vuestra
Y que no fue culpa vuestra, nos tuvieron que forzar
¡Con la ayuda de los Cielos hemos de triunfar!-


Se agitaron las lanzas, relincharon los caballos, se escucharon los escudos, el sonido del metal y las voces como el propio corazón. El rey volvió a dar la vuelta para observar aquellas murallas en parte barro en parte madera que marcan el comienzo del territorio Sur de la llamada Asbru, ese fue el sitio por el que el Señor Beld Tartare decidió comenzar la que sería conocida como la “Cruzada de los caballeros negros”. Empezaron la marcha y las primeras piedras y con punta roma y otros afilados cayeron sobre esa muralla y sobre los hombres que la protegen de los cuales muchos a pesar de no desearlo del todo salieron a enfrentar a los caballeros de armadura de metal y armas largas a caballo en pleno campo de batalla.

Ese sería el primer error de muchos de los cuales se aprovecharían los ingeniosos, estudiados y consagrados caballeros exiliados del Puño de Hierro.  Los arqueros comenzaron sus rociada de flechas mientras los piqueros plantaron posición firme acompañados por escuderos para protegerse. La caballería se dividió en dos para atacar por los flancos a una velocidad que la gente de Asbru jamás pensó ni llego a imaginar que podían llegar a moverse. La gente de Asbru practica la guerra, eso es algo más que sabido, pero nadie estudia realmente sobre ella, y los que están allí no son experimentados, solo guardan las fronteras, las batallas de verdad están en el centro de Asbru lejos de allí.
Al ver que no podían atravesar la línea de piqueros y escuderos los soldados salvajes optaron por regresar, su disciplina está lejos de ser la mejor, y fue allí cuando se encontraron la caballería armada de Beld Tartare que solo finto que iba a embestir contra la frontera de Asbru, se acerco a ella pero luego regreso como un rayo por medio del campo de batalla lidiando  con ferocidad espoleando su caballero como si estuviera dominado por el mismo Tyrael  en persona.

-¡Atacadlos, caballeros, con fuerza y con voluntad,
Pues sabed que yo soy Beld Tartare, buen señor y defensor del metal!-


Se quebraron las lanzas de los caballeros, pendones llenos de sangre se ven clavados por los cuerpos muertos en miles en el campo de batalla. Desenfundan la espada y ver las murallas precarias caer, ese fue el momento para que el Señor  levante la espada y a su orden iniciaran la carga tan rápido y violentamente como sus cuerpos y su voluntad se lo puedan permitir.

-¡A POR ELLOS QUE SON POCOS Y COBARDES!- Se escucho la voz del sacerdote Bishop y ni el rey ni  nadie puso jamás en duda la palabra de aquel que porta la palabra del Master. El mazo de guerra del sacerdote brillo mas fuerte que la luz del sol de esa región que poco conoce de su verdadero brillo, el Master no envía su sagrado sol a bendecir las vidas de aquellos paganos que no creen ni rinden culto a El, eso es algo que lo sabe todo el mundo.

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Re: Nieve blanca, sangre roja. Crónica de los exiliados.

Mensaje por Invitado el Miér Nov 20, 2013 4:03 pm

La joven chica se encuentra como es su costumbre entrenando todo lo que su maestro le ordenaba, mirando al cielo en busca de una señal de esperanza, buscando que en algún momento mirando aquel horizonte se pudiera encontrar con la silueta de aquellos quienes le vieron nacer, pero esto era imposible hace un par de años y ellos seguían sin mostrar señal de que en algún momento regresarían.
El viento tenía una roma diferente al que siempre ahí se encontraba, parecía que algo nuevo se acercaba, no podía a simple vista o al tanteo deducir de que se trataba, a sus pocos años de edad que a simple vista no eran más de 16 para quienes no le conocían, en el horizonte se pudo notar la silueta de un par de hombres los cuales ella desconocía por completo, pero de igual manera debía tratarles con respeto pues venían a la busca de su maestro, ella ignoraba por completo que se trataba de el distinguido Beld Tartare, pues su maestro solo le había hablado del pero ella nunca le había visto antes, a su derecha venia otro caballero de aparentemente la misma edad que su maestro. Estos dos y su maestro pidieron hablar a solas por lo que la joven Chiara se alejó del sitio y comenzó a entonar una de sus primeras melodías compuestas por ella.
Las horas pasaron y ellos seguían hablando mientras ella no paraba de entrenar todas y cada una de las cosas que su maestro le había mostrado, pues su vida era ello.
-Chiara, hoy es el día para el que te había preparado, desde ahora servirás al Lord Beld Tartare, no olvides tus entrenamientos, no me defraudes-

Chiara no hizo más que asentir, no podía decir que no a una orden de su maestro, más tarde se enteraría de que su maestro le había entrenado y cuidado solo para que en algún momento sirviera a Beld Tartare, pues este le debía muchos grandes favores y de esta manera al entregarle a esta sus favores quedarían saldados.

Este fue el único recuerdo que vino a su cabeza mientras escuchaba las palabras de su ahora señor, suspiro hondo y olvido toda cobardía que pudiera albergar su corazón, aun no tenía órdenes por parte Beld, pero sabía que en ese momento debía defender la causa y cometido de esa batalla, se encontraba justo en el frente mirando a todos aquellos que iban en sus contras, solo una orden faltaba y esta finalmente llego a sus oídos, no dudo más y cerro sus ojos comenzando a entonar aquella melodía que bien había aprendido a usar y había vuelto cada vez mejor, los guerreros ajenos a sus camaradas que le escucharon comenzaban a sentir en su cabeza miedos, temores, inseguridad, este era el cometido de aquella melodía.

Mirando su cometido cumplido, tomo la daga que siempre le acompañaba y con esta misma se lanzó a las garras de la posible muerte, pero sin miedo alguno a vencer.

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Re: Nieve blanca, sangre roja. Crónica de los exiliados.

Mensaje por Lans Tartare el Jue Nov 21, 2013 5:47 pm

La primer arremetida fue todo un éxito, y la defensa que le siguió después termino por desbaratar completamente al enemigo en campo abierto. Muchos de ellos se acobardaron desde un primer comienzo, ya sea esto por los caballos de guerra que nunca antes vieron o por aquella misterioso canción que les traía terror al remover lo peor del corazón de cada uno de ellos. Esa joven mujer llamada Chiara posee poderes que los soldados y otros guerreros no poseen, asi que fue bien recibida en el ejercito de Beld Tartare, después de todo necesitaría de toda la ayuda posible para llevar adelante la campaña que ese día emprende a todo o nada.

Con el campo de batalla vencido y a su disposición la carga se dirigió contra las murallas del pequeño fuerte que esta lejos de ser un fuerte real, al parecer nadie nunca se ha imaginado que los atacarían por allí y de esa forma tan abrumadora. Las catapultas hicieron un trabajo, luego los arqueros se unieron a ellas y finalmente la milicia con sus arietes terminaron quebrando cualquier oposición por parte de los defensores. La caballería irrumpió de lleno en terreno enemigo y comenzaron a quemar y a matar a todo lo que encontraron. El fuego se propago rápido entre gritos de dolor y euforia, corridas por un lado y por el otro. El choque del acero contra el acero y de las flechas silbando a través del cielo se fue transformando en carne y huesos rotos, en muerte silenciosa desde las alturas.

-¡Quemen sus hogares! ¡Salen sus tierras! ¡ No tomen prisioneros!- Fue el grito y la orden del Señor del los exiliados que sabe bien que allí no tiene nada de valor, tampoco se puede quedar, debe tomar todo lo que pueda y evitar que mensajeros lleguen al Este de esa región. Los del Sur ya están buen enterados del ataque y sera difícil evitar que no se enteren del resultado, pero debía evitar que esas noticias lleguen al Este. El Norte de esa región esta muy lejos por lo que no tiene porque preocuparse por el norte de momento.
Con esa orden los caballeros y exploradores salieron en caza de todo aquel que se dirigía al Este, al resto los dejaron partir sin mas, la enemistad con la parte Sur ya estaba hecha, debían evitar la del Este a toda costa el mayor tiempo posible. Para cuando llego el anochecer el humo que ascendió al cielo era de lo oscuro, sangre y fuego fue lo que ascendió a los cielos, la bruma natural del lugar con su gélida estampa dejo ver un espectáculo agradable para los que aman la batalla, pero desolador para aquellos que mantienen casi puro el color de su corazón.

Se reunieron a comer y a rezar, para asi agradecer al Master en las alturas por haberlos guiado y ayudado en la batalla. Algunos pocos hacían guardia mientras los demás se relajaban un poco. No habría mucho tiempo de descanso por lo que lo aprovecharon al máximo, antes del amanecer ya estarían de pie y en pleno territorio de Asbru, para asi comenzar la marcha e intentar conquistar una tierra acorde a sus necesidades, y por sobre todo una tierra que pueden defender y mantener como suya propia.

Tras unas breves horas de descanso con todo lo que podían cargar a cuestas retomaron la marche, deben hacerse con la mayor cantidad de aldeas en su camino cuanto mas rápido puedan, y asi ir recogiendo suministros para la campaña y capital humano si es que alguno de esos salvajes esta dispuesto a doblar la rodilla y unirse a la cruzada de los exiliados.

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Re: Nieve blanca, sangre roja. Crónica de los exiliados.

Mensaje por Invitado el Lun Nov 25, 2013 2:08 am

¡Quemen sus hogares! ¡Salen sus tierras! ¡No tomen prisioneros!
Fueron las palabras que resonaron en los oídos de la joven Chiara, la cual no lo dudo dos veces, comenzando a caminar tranquila ante los ojos incrédulos de quienes aún dudaban el por qué su Lord había traído a una chica tan “delicada” a el campo de batalla, solo para hacerles enfadar un poco les sonrió y se colocó frente a aquellas casas y mientras ellos tardaban en prender el fuego ella simplemente recito las siguientes palabras:

Sentada veo la lluvia caer
otro invierno que nace sin ti
mis memorias no se desvanecen
la nostalgia está más viva hoy.

Cierro mis ojos y vuelvo al ayer
siento tus brazos, te escucho reír
vi en tus ojos el brillo morir
ya no brillan más por mí... amor.

El viento lleva mis lágrimas, veo la lluvia caer...

Llamaradas de una fogata permanecerán
como brazas que agonizan siempre arderán
si el fuego es real.

Sentimiento que atraviesa el tiempo
un deseo vuela en el aire
sé que estamos conectados aun
siente como te extraño mi amor

El viento lleva mis lágrimas, veo la lluvia caer

Llamaradas de una fogata permanecerán
como brazas que agonizan siempre arderán
si el fuego es real.

En el instante que termino una pared de fuego apareció frente a ella y comenzó a avanzar quemando todo a su paso, sin herir a quienes aún tenían un alma pura (los niños y sus madres), no quería dejar huérfanos innecesarios, los aldeanos de ese sitio que vieron lo que hizo salieron huyendo con tan solo una mirada de su, parte, no quería mancharse las manos aun, aunque sabía que llegaría el momento en que tendría que atacar directamente.

El tiempo de descansar llego, un descanso que en el que ella simplemente miraba a la nada y pensaba en como cumplir con lo que su maestro le había asignado, ser fiel a el señor Tartare. No pudo conciliar el sueño ni descansar a un 100% pues claro estaba que algunos de los hombres ahí le miraban con gran rencor y se burlaban de ella.

-Veamos qué tan buena eres, cortaras este tronco hasta que quede exactamente en 500 pedazos todos del mismo tamaño, si tanto te quiere aquí el señor por lo menos podrías ser útil, por cierto lo harás solo con esto-

Dijo aquel hombre tomando de la funda que ella llevaba en su pierna su daga y lanzársela a un pequeño montículo de barro, este y sus compañeros se alejaron riendo, el orgullo de Chiara era mucho así que sin importar el que termino aquella estúpida tarea justo antes del amanecer y los coloco justo frente de donde ellos se encontraban dormidos.

No supo sus expresiones pues en cuanto la orden se dio esta se concentró en juntar víveres y objetos necesarios para la batalla que ya se acercaba, la más importante de todas, después de meditarlo y aun en marcha se acercó al Lord Beld Tartare y camino a su lado sin mirarle directamente pronuncio.

-Espero una orden de mi señor, hasta ahora he hecho todo lo que ha ordenado a los demás, pero desearía tener una orden en específico, no dude puede pedir use mis dones como usted desee-

Pronuncio con sumo respeto mirando hacia enfrente siempre sin mirarle pues sabía que sería una gran falta de respeto y no quería ser castigada como cuando su maestro le captaba mirando directo a su rostro

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Re: Nieve blanca, sangre roja. Crónica de los exiliados.

Mensaje por Lans Tartare el Lun Nov 25, 2013 12:50 pm

Así paso el primer día de batalla de los exiliados, con una victoria aplastante de su parte hacia los enemigos, por cada soldado que perdió el Señor Beld Tartare hubo diez muertos en las filas enemigas, la mayoría de sus hombres apenas sufrió heridas leves por lo cual su marcha no se vio retrasada para nada. La noche paso y al llegar el amanecer aquel pequeño pueblo volvió a marchar sin mas.

Algunos iban mas descansados que otros, muchos tuvieron tareas nocturnas o simplemente no pudieron descansar bien, pero la mayoría esta en buen estado y de buen humor, se nota en sus rostros y en el habla que hay entre ellos. Las gentes de importancia se notan muy bien, después de todo esta no es la primera campaña de la que son participes y tienen en su mente y en su corazón muy en claro cual es el objetivo y como obtenerlo. En ese cabalgar lento pero seguro la mujer que esta en boca de todos se acerca al rey vigilada de cerca por un centenar de ojos que la vigilan con odio algunos y con respeto muchos otros. Aquel gran señor de la batalla esta conforme con el desempeño de la chica, aunque no puede saber el como la cambiara la desdicha de la guerra es necesario de que participe en ella.

-Eso es exactamente lo que hace un soldado, recibir ordenes de sus superiores y ejecutarlas niña. A diferencia de tu maestro tengo que liderar a estos miles de hombres y mujeres, para eso necesito la ayuda de gente de confianza, no puedo yo tener miles de ojos y lenguas para vigilar y comandar a uno por uno. Manténganse asi soldado, y entonces vera mas victorias como esta-No tiene mucho mas que decir aquel gran señor, después de todo cada cual tiene que cumplir con su rol lo mejor que pueda, y el de ella recién comienza, por lo tanto si desea tareas de importancia deberá ganarse esa confianza y el honor de poder llevarlas a cabo.

Dos días y dos noches pasaron, descansan pocas horas dos veces al día sin contar para comer y desayunar, la cena se hizo en esos dos días sobre la marcha con cosas muy simples para mantener las energías por lo menos para caminar. Racionan bien la comida, usando siempre aquello que perderá su vida útil rápidamente dejando el resto para después, cuidando siempre en lo posible los animales que portan y los sacos que llevan estos. Repitieron esa rutina dos días mas y al amanecer del quinto día los exploradores trajeron las noticias de un pueblo que parece tener grandes provisiones, buena seguridad pero no la suficiente como para hacerle frente a un ejercito, sin mencionar que no tiene murallas lo cual hará de la batalla una batalla de escaramuza.
Al tener esas buenas nuevas el gran Señor reunió primero a sus hombres de confianza, asi planeo la estrategia que llevaran a cabo en esa batalla de escaramuza, y luego se reunió con toso su pueblo para dirigir unas palabras de aliento a todas sus buenas mesnadas que tan fielmente le siguen sin dudar.

-¡Escuchadme mesnadas! Buenas gentes de corazón fiel y leal, la batalla y la gloria aguardan a unas horas de viaje de aquí. Una villa es lo que nuestros ojos ven, una villa bien aprovisionada y con lugar para todos vosotros los hijos del Cielo. No temáis, dejas a los caballeros la batalla, estos atentos y al regresar por ustedes tendrán un buen lugar donde conciliar el descanso, sanar el corazón y aumentar sus riquezas y víveres-Y tras elevar la espada al cielo junto al relinchar poderoso de su caballo que se alza sobre las patas traseras el clamor fue grande y esperanzador.

Marcharon caballeros y arqueros, dejaron escuderos e infantería junto a las buenas gentes no combatientes, no llevaron los arietes tampoco, solo llevaron unas cuantas catapultas por si era necesario mermar un grupo fuerte de resistencia, por lo demás comida, agua y otros suministros quedaron a cargo del pueblo y de sus oficiales. Varias horas después tuvieron a esa villa a la vista, aunque primero los exploradores se aseguraron de eliminar a algunos centinelas que pudieran visualizar a la compañía demasiado aprisa. Aguantaron todo el día escondidos lejos de la villa de gran tamaño que no supo de la presencia de los atacantes hasta casi la medianoche cuando el ruido de los cascos de los caballos precedió al del silbido de las flechas y las piedras y troncos que destruyen hogares desde la lejanía. Los caballeros barrieron con las lanzas de caballería a los primeros defensores que tuvieron delante suyo haciendo resistencia, para una vez en la ciudad lanzar antorchas y propagando el fuego rápidamente, el fuego que trae destrucción, temor y confusión dándoles mas ventaja de la que ya poseían desde un comienzo.

-¡Cargad caballeros! ¡Con fuerza y acero haced de este lugar vuestra conquista!-El Señor de los exiliados encabeza la carga y anima constantemente a sus hombres, su hijo por otra parte ha sitiado con un grupo de arqueros y caballeros la ciudad evitando que entre y salga la ayuda a la misma de forma tan efectiva como una muralla de piedra bien custodia.

-¡Rendid las armas! Deponer toda resistencia y salvaran sus vidas-El hijo de aquel gran señor demuestra tener la sangre de su padre en sus venas, tanto en porte como en forma de acción y en efectividad poniendo de su parte para que los planes de los exiliados se llevasen a cabo a la perfección.

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Re: Nieve blanca, sangre roja. Crónica de los exiliados.

Mensaje por Invitado el Mar Nov 26, 2013 9:43 pm

La joven acepto lo que su señor le dijo y regreso a su lugar de batalla sin importar el que en cada lugar que se detenian cumplia ciegamente sus ordenes, quemaba, ayudaba y dirigia a unos cuantos que no eran combatientes, dandoles las indicaciones necesarias para que sobrevivieran.

Era ya esa madrugada, la cual era desisiva para su causa, sin temor alguno blandio la espada que se le habia dado, sabia que aunque sus dones eran buenos, no solo de ellos podria valerse, pero antes de llegar a la cumbre de aquel lugar y apoderarse de el junto  a los suyos, logro colocar sobre de ambos Tartare un campo protector, asi sin importar si les perdia de vista ellos no sufririan un daño al cien si no menos de la mitad, bien sabia Chiara que esto le debilitaria un poco y que cada ataque que ellos resivieran ella lo sentiria en su propio cuerpo, pero era algo que bien se podia soportar con la promesa de una recompenza en manera de victoria.

El campo de batalla era grande mientras ella parecia ser mas que un pequeño alfiler en un pajar pero eso no importaba, cargada de todo loq ue llevaba dentro decidio desquitar el poco rencor que habitaba en su corazon aun ingenuo para algunas cosas. A lo lejos entre cientos de hombres peleando logro notar como un guerrero ajeno a ellos golpeaba a un joven niño de poca edad y sin intenciones de maldad, no pudo resistirlo y entre golpes y estocadas con su espalda se abrio paso llegando a donde este se encontraba.

-Es divertido meterse con gente indefensa-

Musito mirando a quien atacaba un hombre que sobresalia en altura y musculos a comparacion de ella

-¿Acaso piensas defenderlo? ellos no son mas que escoria unos simples hijos de nadie, estorban a nuestra causa-

Blandio su espada ante el hombre el cual parecia burlon ante la apariencia de que ella pronto atacaria


-Eres un cobarde, que no merece estar entre nosotros-

Sabia que bien podian reprenderle por lo que estaba apunto de hacer pero no importaba eso, ella siempre defenderia lo correcto, camino hacia el hombre y sin titubear lanzo una estocada la cual fallo, el reacciono golpeando su estomago haciendo que esta escupiera un poco de sangre, la cual se limpio y volvio a ponerse de pie ante el, mostrando debilidad ficticia, este comenzo a reirse de ella mientras que esta aprovechaba eso para lanzar una estocada directa a su corazon, el cuerpo de ese hombre que aun no moria completamente se dejo caer en el suelo. El pequeño la miro con miedo, ella solo sonrio y se acerco sin decir nada, colocando sus manos donde aquel hombre le habia golpeado y emanando una tenue luz color verde claro sanando las heridas que aquel le habia ocacionado, le tomo en brazos y llevo donde una mujer que tenia muchos hijos los cuales estaban de su lado y curaba a los heridos.

-Cuide de el por favor, vivio algo que no deberia-

Pronuncio para asi volver a donde debia de estar su atencion, el campo de batalla corriendo por aquel sitio abriendo camino a sus compañeros, defendiendo las espaldas icluso de quienes hace unos dias se burlaba de ella

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Re: Nieve blanca, sangre roja. Crónica de los exiliados.

Mensaje por Lans Tartare el Jue Nov 28, 2013 11:15 am

Varias horas pasaron desde que iniciaron la batalla en esa gran villa perteneciente a la región Sur de Asbru, el fuego y la sangre se fue expandiendo rápidamente por todo el lugar y alrededores bajo el sonido reinante de espadas y de los cascos de los caballos que recorren ese asentamiento de un lado a otro sin cesar. Como es de esperar de una batalla esta despierta lo peor de un hombre, lo peor de una persona sale a flote entre el caos y la muerte, la adrenalina y el no saber si vivirán para ver un nuevo día hace que las almas mortales no solo busquen la victoria sino también el gozo personal aunque este provenga de actos casi inhumanos. La joven mujer que combate del lado de los exiliados es la primera vez que se encuentra en una situación como esa, puede que le parezca algo anormal en primera instancia, pero deberá acostumbrarse rápido a verlo puesto que en un camino de conquista acciones como esa son lo menos dañino y siniestro que puede llegar a encontrar. Aun asi esa joven mujer cumplió con su deber asistiendo, protegiendo aliados y matando enemigos, por lo que una acción como esa sera en algún momento cuestionada o juzgada si se repite de nuevo o si algún caballero ya juramentado es testigo de dichos actos.

Pasaron las horas y el comenzó a repuntar por el Este, un nuevo día nace allí sobre el campo de batalla que encuentra a los exiliados en una clara victoria sobre los lugareños, la segunda de gran importancia en esa región y con bajas mínimas siendo en este caso un territorio conquistado de forma absoluta. En esta ocasión al poder rodear el lugar de la batalla y llegar por sorpresa nadie logro escapar del sitio sobre la misma, por lo que las noticias sobre esa conquista no serán conocidas rápidamente lo cual dará mucho tiempo de descanso y preparación a los caballeros extranjeros de esas tierras.
Se reencuentran padre e hijo rodeado de muchos de sus valientes y fieles caballeros, y tras el abrazo de los señores y lideres un gran grito eufórico de victoria nace y se propaga por toda la ciudad y alrededores.

-¡La ciudad es vuestra señores!- Se llega a entender que dice el Señor Beld Tartare entre tanto grito y barullo de sus buenas gentes.

Tiempo mas tarde comenzó a hacerse un recuento de los muertos y heridos en las fuerzas atacantes para después comenzar a poner a todos los prisioneros en celdas improvisadas muchas de ellas al aire libre. Esta vez a diferencia de cuando atacaron primera vez en la frontera dejaron varios sobrevivientes, aunque eso fue por ordenes del gran Señor que no vio necesario llevar adelante la masacre total de la población oriunda de esa región. Para el mediodía muchos caballeros ya estaban descansando y otros a los lejos regresaban con su misión cumplida la cual fue traer a las buenas gentes que dejaron atrás a la villa tomada. Se informo que avanzan a paso seguro y ahora con la batalla ha finalizado los caballeros que se sienten con mayor fuerza y ánimos para seguir parten en encuentro de aquellos compañeros que quedaron rezagados por orden del Señor.

De esa forma para el atardecer los que estaban descansando fueron despertando, poco descansados pero peor era nada, ademas, ahora habían descanso en un lugar cómodo y acorde para ello lo cual es mas que bien agradecido. Los capitanes y señores que no tomaron descanso alguno desde hace casi 48 horas ya empezaban a tambalear, sus cuerpos y sus mentes necesitan cerrar sus ojos con urgencia, el cuerpo pide su merecido descanso razón por la cual tras unas pocas ordenes para mantener con cuidado y sigilo la noche se preparan para dormir.

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Re: Nieve blanca, sangre roja. Crónica de los exiliados.

Mensaje por Invitado el Mar Dic 03, 2013 6:43 pm

La batalla proseguia el mundo de aquella joven se comenzaba a teñir de muchos colores pero sobre todo de carmin, sus manos sus ropas, aquel ligero vestido color amarillo que llevaba ya que no tuvo oportunidad de cambiar sus ropas antes de ser entregada por su maestro al señor tartare, se veia ahora de un color muy diferente, pero esoo ya no importaba lo unico que ella deseaba era poder terminar con todo de una ves, seguir las reglas y mantenerse al margen como su maestro lo habia indicado, era algo interesante el ver como se destruian unos a otros, como algunos olvidaban la moral y cosas enseñadas desde hace muchas generaciones, volviendose bestias en busca de sus presas.
vestido que utilizaba en esos momentos:


Con disimulo una ves que padre e hijo estaban reunidos, esta aprovecho para hacer algo que tal ves le haria sentirse mas cansada de lo comun, pero era necesario aunque ellos no lo hubiesen pedido, cerro sus ojos y en el instante en que ambos decidieron acercarse uno al otro, esta formo un campo de fuerza sobre de ellos, sabia y tenia el presentimiento que aunque  la victoria se encontraba ahi alguien de los cuales los señores Tartare confiaban estaba tramando algo, y sin decir nada simplemente mantuvo ese campo de energia en ellos, alejandose un poco de la multitud.

Pasaron un par de horas algunos descansaban, optros hacian guardias, ella simplemente buscaba con que limpiar su rostro, pues habia sabgre seca, y demaciada suciedad en ella, fue asi que el joven niño al que Chiara habia ayudado horas antes se acerco a ella con un paño humedo en sus manos, a manera de agradecimiento por lo que anteriormente habia hecho esta, Chiara solo le sonrio y se coloco de cunclillas para besar su frente y tomar aquel paño, limpiando su rostro con cuidado.

-Yo.. yo me preguntaba señorita, si.. podria cantar algo para nosotros, los niños de ahi dicen que su voz es algo linda y todos deseabamos escucharla-

Menciono aquel pequeño por lo que Chiara se sorpendio, y sonrio, mirando que la mayoria se encontraban trnaquilos, se acerco a el grupo de refugiados a las lineas de los Tartare y suspiro, para asi comenza a cantar una melodia que llevaba escondido el poder de hacer que el espiritu de todos ahi presentes se viera reconfortado, y que el dolor y cansancio del cuerpo se hisiera casi in-notable y soportable para continuar. La noche ya estaba sobre de ellos, y era el mejor momento para entonar esa melodia, capaz de calmar y alentar al mismo tiempo a un buen descanso



Al terminar su melodia noto que la mayoria de esos jovenes niños y demas refugiados habian conseguido conciliar el sueño, al mismo tiempo miro a su alrededor a aquellos capitanes y señores que de igual manera habian sido afectados positivamente por la melodia.
Sin mas que hacer y asegurandose aquel campo alrededor de los señores tartare aun estuviera a un cien en su funcion se sento un poco apartada del resto, mirando al horizonte y preguntandose hacia donde giraria su vida a partir de ese momento, miro sus ropas, sucias y suspiro , pensando que en cuanto encontrara algun lago o algo parecido las lavaria, no queria sentirse sucia fisica y espiritualmente, cerrando ligeramente sus ojos , parecia que estaba dormida,por el semblante p de paz, pero solamente descanzaba y meditaba lo sucedido esos dias.

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Re: Nieve blanca, sangre roja. Crónica de los exiliados.

Mensaje por Lans Tartare el Vie Dic 06, 2013 6:56 pm

La noche finalmente entro de lleno sobre esa región y alrededores, para muchos la desolación fue mucho mayor al caer la noche, sin la luz del sol todo luce mas triste y peor de lo que es, en especial para los recién conquistados que son apresados y despojados de sus hogares y pertenencias, temiendo ahora por sus vidas.

El olor a comida se mezcla con el olor a muerte, suerte para ellos que allí no hace calor sino la putrefacción de los cadáveres seria mucho mas rápida y notoria, eso les ha dado tiempo de alejar cadáveres y enterrar algunos de ellos, otros simplemente se los apilaron y prendieron fuego para deshacerse de ellos.  
En algunas partes de la ciudad los soldados cenan ante la mirada de muchos prisioneros que por mas que lloren y rueguen no reciben nada de nada, ninguno recibirá nada hasta no recibir la orden de Beld Tartare y este con suerte recién debe de estar despertando, por lo cual no ha llegado ninguna orden aun.

Chiara es la única que realmente es dentro de todo un poco apreciada por los lugareños, aunque aun la siguen viendo con mala cara algún que otro chiquillo le muestra su agradecimiento cuando ella se acerca, mientras que muchos otros hombres la ven con deseos carnales en sus ojos, miradas claras. Algunos la miran con respeto y cierta admiración, otros con lujuria y malicie, las mujeres en campamentos guerreros suelen ser vistas de esa forma, en especial cuando se esta lejos de casa y se acaba de conseguir una victoria.
La voz de chiara trajo algo de paz a ambas partes, tanto a perdedores como a ganadores, mas de uno pudo conciliar mejor el sueño y otros se sintieron menos pesados y con ganas de descansar. Aun asi hubo otros que mas la desearon, después de todo la chica es muy bonita, parece ser valiente y no se sabe de donde salio, por lo que mas de uno parece tener intenciones de convertirse en "señor" esa noche. Pero no solo señor de Chiara, mas de un soldado parece que esta de acuerdo en dar su ración de comida a cambio de algo de acción esa noche, asi que los murmullos empiezan a correr por lo bajo. También se prometen otras cosas, como protección o ciertos favores a cambio de una buena noche de pasión, aunque algunos pocos parece ser que quieren tomar a ciertas mujeres como parte del botín que les corresponde por haber hecho su parte en esa reciente victoria.

Una mano acaricio el rostro de la joven guerrera quien se encuentra rodeada de unas cinco personas. Uno de ellos tiene comida que parece va a ofrecer y el resto algo de vino para beber y compartir.

-Es muy temprano para dormir preciosa ¿Por que mejor no comes y bebes algo con nosotros?- Le dijo aquel hombre que debe tener casi 30 años de edad. Porta armadura y arma en la cintura asi como el resto, claramente soldados y tal vez alguno hasta pueda llegar a ostentar el titulo de caballero.

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Re: Nieve blanca, sangre roja. Crónica de los exiliados.

Mensaje por Invitado el Lun Ene 27, 2014 5:22 pm

Pocos minutos pasaron en los que ella pudo mantener su mente despejada de todo a su alrededor, pero las voces de varios caballeros acercándose, abrió sus ojos y noto a cinco de ellos rodeándole, una caricia en su rostro se hizo presente a lo cual Chiara le rechaza inmediatamente apartando su mano de su rostro con golpe a esta con la propia, les miro con serenidad pero al mismo tiempo precaución, nunca había estado a solas con ningún hombre que no fuera su maestro o el mismo señor Tartare y estar  en esa situación le causaba un poco de nerviosismo.


-No creo poder acompañarles caballeros, mi tarea en este sitio es otra y no puedo descuidarla por nada-


Menciono poniéndose de pie y haciendo una leve reverencia, después de todo aquellos hombres tenían un rango más alto que ella y les debía respeto, comenzó a caminar alejándose un poco del grupo que aún le gritaban que volviera a pasar un buen rato con ellos, Chiara les dejo atrás alejándose un poco más del sitio donde el campamento se había montado, la luz de la luna era lo único que le mostraba el camino, mirando de lejos el fuego de las hogueras de aquel sitio donde hace unos minutos se encontraba, una silueta se movía entre las sombras, una sombra que parecía ser la de un hombre fornido y que le rebasaba en altura, con cuidado prefirió seguir caminando pero ahora de regreso a su ubicación anterior, tenía un presentimiento pero aun no sabía de que, solo deseaba regresar, a su posición anterior donde pudiera mantener cerca de su vista a quienes tenia el trabajo de proteger.
En cuanto regreso escucho el murmullo de los hombres los cuales ya estaban bajo los efectos embriagantes del licor, hablaban unos con otros, otros cantaban , y unos más tenían una mirada perdida, logro observar el trayecto de uno más que se escondía entre la multitud y se dirigía hacia donde se encontraban los refugiados, camino con precaución para que no se fijara que esta le seguía, el hombre miraba a una joven de una edad entre 15 y 18 años la edad en la que los hombres afirman una mujer es más “apetecible” o eso afirmaba el maestro a Chiara, aquel sujeto tomo a la joven por el brazo claramente a la fuerza y la llevo a una tienda improvisada para los que deseaban resguardarse de la fría noche, Chiara prefirió no hacer caso, pero al poco rato se escucharon las pedidas de auxilio de la joven, y un par de niños al escucharlos se acercaron a la tienda, Chiara le miro y les alejo del lugar, pero los pequeños le miraban con tirsteza y la mas pequeña pidió que ayudara a su hermana ,suspiro y sabiendo se arrepentiría por lo que iba hacer entro en aquella tienda después de dejar a los niños con una joven mujer.

-Te suplico le dejes, afuera hay pequeños que la necesitan y están preocupada por ella-

La mirada del hombre era furiosa al haber sido interrumpido antes de poder concluir cualquier acto y se giro a mirarle, la joven semidesnuda aprovecho para salir corriendo del lugar, Chiara miro con serenidad a aquel hombre y una ves vio a la joven se dispuso a salir de ahí pues no tenia nada mas de su interés en aquel lugar, pero fue detenida por un jalón brusco en su brazo por parte de aquel hombre enfurecido y embriagado  regresándola a la tienda, cayó de espaldas sobre el suelo frio sintiendo un poco de dolor.

-Pero estoy seguro a ti nadie te espera afuera  ¿verdad?, las mujeres que vienen a el campo de guerra deben saber guardarse en el lugar que les corresponde, debes de saber que nosotros tenemos el derecho de tomarlas sin nos complace, y yo nunca aceptare que una mujer como tu esté a nuestro lado en la batalla, te mostrare tu lugar-

Menciono aquel hombre todo esto con voz fuerte y al decir lo último se abalanzo sobre Chiara intentando desgarrar sus ropas y besando con lujuria, Chiara no podía soportar el asco que este le daba así que comenzó a Cantar una melodía diferente a todas, deseaba que aquel hombre muriera, deseaba salir de ahí y no podía tomar su espada pues aquel hombre le tenía tomada por las muñecas, su canto era casi insonoro pero bien comenzaba a cumplir con su función, una fuerte presión comenzó a sentir aquel hombre en su pecho soltándola pero sin quitarse de sobre de ella.

-¿Que rayos estás haciendo?, no eres una mujer si no una bruja, una maldita bruja hare que todos te quemen viva-

Menciono el hombre mirándole con odio, Chiara aprovecho ese instante para removerle de encima suya, sabía que su canción solo le haría perder el conocimiento por el dolor, su falda había sido desgarrada y dejaba ver parte de sus muslos, pero no importaba ahí el pudor, solo importaba alejarse de ese hombre, sin darse cuenta ella de esto aquel sujeto con la poca fuerza que le quedaba antes de desmayarse tomo un palo grueso de madera que era para uso de leña y golpeo la cabeza de la joven por la espalda. Chiara camino un par de pasos saliendo de la tienda después de sentir aquel dolor y su mirada comenzó a nublarse  perdiendo el conocimiento después de unos segundos cayendo su cuerpo sobre el suelo sin más,  su cuerpo no reaccionaba pero aun asi no dejaba de concentrar la poca razón que aun tenia para seguir manteniendo aquel escudo que protegía a sus señores .

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Re: Nieve blanca, sangre roja. Crónica de los exiliados.

Mensaje por Lans Tartare el Vie Ene 31, 2014 3:59 pm

La noche llega y esta trae sentimientos realmente variados en el corazón de los que habitan en el mundo mortal. En la noche muchos sienten más la necesidad de calor ya sea este el calor de una fogata, el calor del sol o el calor humano, el que sea trae cobijo y protección en la noche y a la nostalgia. La guerra es un gran potenciador de dichos sentimientos tan humanos y mortales como el propio hombre en sí. Cruel guerra…La mayoría de culturas conocidas creen que los afortunados mueren en combate, los demás sobreviven para ver y sentir el calvario en carne propio. Los perdedores se convierten en esclavos de los ganadores, esclavos por completo sin voluntad y a completa merced. Aquellos que vencen estando hoy lejos de casa y creyendo fervientemente que posiblemente no verán un nuevo amanecer dan rienda suelta a sus más oscuros deseos, y tienen allí un gran número de “ganado” para cumplirlos. Los perdedores en su desgracia la mayoría no tiene más que aceptar por las buenas o por las malas, y no es que justamente por las buenas sea algo que los pueda hacer sentir bien en todo su dolor.

En esa noche después de la toma de la ciudad comienza a verse lo que se en toda guerra, la vida denigrada a nada. Los hombres juegan con las jóvenes y hacen lo que quieren con ellas, y los hombres perdedores son el juguete de muchos otros, apenas la mayoría de niños escapa a ello. Chiara se ha escapado de esos juegos al estar en libertad y tener cierta etiqueta para manejar a esos hombres que se le insinúan con poco tacto, pero más que nada es la libertad lo que mantiene fuerte su corazón y su carácter dándole más valor a su vida y a su persona.
Ya alejada del campamento no pudo relajarse mucho ya que en esa oscuridad se sintió acosada y su instinto no le fallo, por eso hizo bien en volver donde el ejercito de los Tartare puede darle protección, aunque difícilmente pueda protegerla de sus propios soldados.
En su andar Chiara al estar en vigilia de muchos de los prisioneros de aquel sitio fue testigo de ello, y entre tantas víctimas hubo más de una joven doncella que perdería su inocencia esa noche, ya sea que haya aceptado por necesidad o haya sido tomada a la fuerza. Una de esas tantas jovencitas comenzó a gritar pidiendo auxilio pues su temor fue demasiado grande como para dejarse tomar por un desconocido, eso llamo la atención de muchos, de pequeños y de los pequeños llamo la atención de la joven Chiara que conmovida por su buen corazón no pudo ignorar a la joven necesitada y el sufrir de los pequeños y decidió intervenir. La joven guerrera llego a la carpa donde aquel hombre mantiene a la joven a su merced y ya sin ropas,

En todo el jaleo y la discusión que se armo entre ese hombre y Chiara la jovencita encontró un momento para escapar lo cual por supuesto hizo enfurecer a ese caballero que no iba a dejar pasar eso de lado y menos viniendo de una mujer extranjera y recién llegada a los ejércitos de los Tartare. Antes de que Chiara pudiera dejar la tienda del todo la tomo de la muñeca y la arrojo al suelo dejando claro que ella tomaría el lugar de la jovencita que acaba de escapar por su culpa, así se abalanza sobre ella y la empieza a manosear y a besar invadido por la lujuria, la euforia, y en parte por el odio. Forcejeando la mujer no llegaría lejos en esa situación por lo que no tuvo más remedio que hacer uso de sus habilidades especiales las cuales fueron cargados con un odio que posiblemente nunca antes en su vida ha sentido, y aun con sus habilidades la situación es muy difícil para ella ya que ese hombre tiene buenos músculos, es más grande y está realmente decidido a violarla sin importar lo que pase. Las manos de ese hombre la desvisten parcialmente y le acarician en parte los muslos casi llegando a su intimidad mientras más de una vez prueba sus labios, así fue hasta que la melodía de Chiara comenzó a hacer efecto en ese hombre quien la soltó debido a la gran presión que comenzó a sentir sobre su pecho. Así fue como Chiara fue descubierta como “bruja” o como al menos algo no humano y eso para los del Puño de Hierro es suficiente para mandarla a quemar a la hoguera. Esos momentos fueron vitales, la joven mujer pudo sacarse a su atacante de encima suyo y huir a prisa, aunque no tan aprisa, ese hombre con sus últimas fuerzas tomo algo de leña y le dio su buen golpe en la cabeza, muy fuerte en verdad por algo es un caballero y eso hizo que Chiara perdiese el conocimiento luego de dar unos cayendo sobre la fría nieve que cubre toda las tierras de esa región.

Lo que paso luego ella no lo sabrá de momento, sus fuerzas cesaron al quedar inconscientes y su magia no pudo continuar, pero al despertar lo haría en un lugar muy cómodo y cálido con bastante luminosidad, y sentado en una especie de silla el hijo del Señor Tartare observándola con mirada serena, aunque como primera impresión podría decirse que tiene cara de pocos amigos.

-Espero estés feliz...Te has ganado un golpe en la cabeza y un caballero sera condenado a la hoguera-Con esas palabras recibió el hijo del señor Tartare a la joven Chiara, seguramente no son las palabras mas cariñosas del mundo, pero al menos son bastante informadoras sobre lo que esta pasando en el campamento, o de lo que esta por suceder.

La joven recostada tiene un paño en la frente y la cabeza vendada, y no lleva ropas encima, aunque no todo es tan malo como parece, al menos se siente fresca y limpia, por lo visto alguien se ha encargado de asear su cuerpo mientras estuvo inconsciente, ademas de haberla curado y recostado para que se recuperar pronto y sin dificultades.

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Re: Nieve blanca, sangre roja. Crónica de los exiliados.

Mensaje por Invitado el Mar Feb 11, 2014 12:48 pm

La tarde de invierno que pudo ser soleada se torno de un color carmesi ante los ojos de la pequeña Chiara, al regresar a su casa se encontro con la terrible escena sus padres estaban siendo asesinados justo frente a sus ojos por aquellos humanos que solo unas horas antes habian sido sus amigos, una mano le cubrio la boca y le atrajo hacia un cuerpo calido y ancho sin dejarle moverla por un abrazo fuerte, por mas que forzajeaba no podia siquiera separarse unos milimetros, ante sus ojos ellos morian su cuerpo temblaba de el terror y la rabia que esto les causaba.
Los hombres se fueron y por fin le solto aquellla misteriosa figura, figura que años mas tarde reconoceria como su maestro, corrrio hacia lo que solia ser su hogar el cual en llamas se consumia, dejando solo cenizas de lo que pudo ser, la pequeña se acerco a sus cuerpos y con fuerzas les abrazo quedando en estado de shock al mirar toda la sangre de aquellos que en su momento cuidaron tanto de los que les habian traicionado, asi se mantuvo abrazada a ellos hasta quedarse dormida mientras todo a su alrededor se consumia poco a poco con la esperanza de morir junto con ellos en ese mismo sitio.
Cuando desperto pudo encontrarse con un techo diferente al que ella estaba acostumbrada, penso todo habia sido un mal sueño, pero al incorporarse y caminar hacia la ventana de aquel sitio pudo ver como en una hoguera tipo funebre los cuerpos de sus padres se consumian, salio por esa misma ventana y camino sin exprecion hacia donde ellos, manteniendo la mirada solo en el fuego, la misma figura masculina se acerco a ella y le abrazo por la espalda como aquel abrazo que dan los padres a una hija, ante este acto Chiara se mostro monotona no reacciono ni inmuto algun movimiento

-Has sido demaciado fuerte, yo cuidare de ti de ahora en adelante asi lo pidio tu padre, vamos pequeña no lo reprimas mas saca ese dolor de tu pecho-
Le mensiono aquel hombre, Chiara solo cerro sus ojos y se giro a abrazarle, estallando en un llanto profundo desconzolada y sintiendose completamente sola en el mundo


Una lagrima corrio por la mejilla de Chiara y esta abrio sus ojos, y se sento inmediatamente encontrandose con la mirada de el hijo del señor Tatare, Las Tartare era su nombre, escucho sus palabras y recordo el incidente que le dejo inconciente y disimuladamente limpio la lagrima que aun corria por su mejilla.

-Si un golpe en la cabeza fue el pago por hacer algo justo no tengo problema de pagarlo, y ese caballero como usted le llama debe de estar disfrutando de su propio infierno en el inframundo -

tomo el paño de su frente notando que se encontraba desnuda tomo una sabana cubriendo de nuevo su cuerpo, por dentro podia sentirse apenada, pero no podia mostrar ninguna reaccion de ello en su rostro mirando solamente a los ojos de aquel que a primer vista para ella solo era un egocentrico con titulo de Lord

-¿Puedo saber quien me a atendido?-

Pregunto con voz firme y aun mirando sus ojos pues para ella en ese momento no era mas que un hombre frente a ella un hombre que bien debia proteger pero aun no le respetaba como deberia de hacerlo, queria agradecer a la persona que le hubiera ayudado a sentirse de nuevo limpia aunque sea solo por fuera, pues dentro de ella su alma se encontraba aun intranquila.

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Re: Nieve blanca, sangre roja. Crónica de los exiliados.

Mensaje por Lans Tartare el Miér Feb 12, 2014 9:38 pm

Entro la noche profunda en el territorio de Asbru y el frio ahora se siente mucho más. Los invasores son los que más sufren del mismo incluso estando los nativos de esa región en peores condiciones al estar de prisioneros.  Lans Tartare yace sentado en la entrada de la habitación donde Chiara durmió por al menos una hora haciendo de vigía. Enviar al rey a ese sitio era demasiado e impropio, por ende tuvo que hacerlo el cómo su heredero directo.  Hay muchas razones para que ese caballero este allí presente, mucha nobleza y política, razones que Chiara ni siquiera podría llegar a imaginar.

Al despertar la joven mujer se encontró siendo observada por ese caballero y mientras escucha lo que dice aprovecha para sacarse unas lagrimas del rostro y condenar el accionar del hombre que la ataco horas atrás.

-No te corresponde a ti el juzgar que es justo o no. Ese es trabajo de mi padre y del sacerdote Bishop que porta la palabra del Master.  Ese hombre derramo sangre por mi padre, la propia y la ajena, dejo su hogar, dejo a su familia sabiendo que posiblemente no le quedaba mucho futuro por delante, algo que ahora se puede confirmar al ser condenado a morir en la hoguera. Ahora dime, toda esta lealtad y sacrificio ha sido desechado ¿Por qué? ¿Por una prisionera? Son las reglas de la guerra, si no vas a respetarlas entonces vuelve por donde viniste mujer-  Habla sin aprecio en el tono de voz, algo que parece más grave aun al verse con su armadura manchada de sangre y lodo, suciedad que comparte con su espada y con su propio cuerpo.
La mujer recostada en la cama se medio incorpora y toma el paño que tiene sobre la frente notando así que esta desnuda y en su pudor se tapo con las mantas lo mas que pudo, o al menos hasta el cuello dejando su rostro visible el cual observa en dirección a ese hombre que se encuentra a pocos metros de ella. La mira con aire desinteresado pero a los ojos, al parece está presto a darle una respuesta a sus preguntas.

-He sido yo, aunque no se mucho de medicina se lo mínimo como para atender un golpe en la cabeza a causa de un objeto sencillo. Lo mismo en lo referente a tu cuerpo. Ningún hombre de los nuestros vera con buena cara a la causante de que un caballero será quemado en la hoguera, y no tenemos mujeres aquí aun, estas llegaran con el resto del campamento mañana.- Esta más que claro que la mujer acaba de hacerse sus buenos enemigos allí, ese hombre se lo acaba de confirmar por si no se había dado cuenta aun.  Tras darle esa respuesta se apoyo en la pared donde esta acomodada la silla y cerro sus ojos. No esta tan cansado como otros guerreros ya que ha podido descansar al menos unas pocas horas, aunque no es suficiente como para recuperarse por completo es mas su fastidio por esa situación que el cansancio en si lo que más afecta a su persona.

Fuera la nieve cae lentamente y sin pausa, todo el terreno, las casas, los hombres se vuelven blancos de a poco. La temperatura baja considerablemente y el enojo se mantiene a fuego vivo, no sera fácil de apagar sin importar cuanta nieve caiga en el territorio de Asbru.

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Re: Nieve blanca, sangre roja. Crónica de los exiliados.

Mensaje por Invitado el Miér Feb 19, 2014 2:40 pm

Escucho con total atencion lo que el  heredero Tartare le mencionaba y no pudo evitar el responderle, estaba acostumbrada a decir siempre lo que pensaba, y claro esta que tambien estaba a costumbrada a pagar las consecuencias de esta osadia.

-He ahi a su caballero el cual se a convertido en una total bestia a causa de la guerra, digame entonces ¿era un caballero real?, no importa de que lado de la guerra estes sigues sintiendo el dolor de todo por igual, esa joven que estuvo a punto de perder su castidad, tenia familia aun con vida, familia que aun lloraba por su destino, aun tenia una razon para mantenerse de pie y no dejarce mancillar por cualquiera, si es una mujer y es pricionera de esta guerra pero, pero como es que ella un en esta agonia podia mantenerse en sus cinco sentido y no dejarse corromper por los estragos y aquel caballero como ustedes le llamaban flaqueo a la primera oportunidad. Tal ves no comprenda, pero ¿que haria si esa joven doncella fuera una hija, madre, hermana o esposa suya?, acaso cree que ella al no ser de sangre noble no sufriria igual que cualquiera que si...-
Suspiro y guardo silencio sintiendo un ligero escalosfrio al recordar por lo que pudo haber pasado ella misma, pero bien sabia que si asi hubiera sido valia la pena, a fin de cuentas nadie suplicaria por ella, y a nadie le importaria.

Sus palabras eran mas que claras pero por su mente no paso ni por un segundo el regresar a el lugar de donde esta habia venido, por fin podria compartir algo con algunos hombres y era el odio que siempre se mantuvo oculto durante años dentro de su corazon, ya nada importaba de hecho no tenia nada en absoluto que perder.

-Lamento que haya tenido que dejar cualquier asusnto por atenderme, y le ofresco mi gratitud mas sin embargo, he abusado de esta hospitalidad y regresar a mi trabajo-

Mensiono mientras le veia cerrar un poco sus ojos, sabi perfectamente que esta situacion le causaba molestias y en convinacion de las batallas pasadas en esos dias hacian que su alma se encontrara en un estado muy inestable. Miro a su alrededor y buscaba con la mirada hasta toparse con sus ropas, estas se encontraban totalmente inutilizables en ese momento, no podia salir de esa manera y soportar las miradas acusadoras de muchos, asi que sigui buscando poniendose de pie olvidando su pudor por unos minutos y encontrando asi un par de prendas que bien podian servirle, claro estaba que no eran de doncella, pero esto no le importaba ademas asi podria moverse con mas agilidad y cumplir sus objetivos. Un pantalon de color negro, una camisa blanca de cuello y manga larga, un peto de un carmin muy marcado con pequeños diseños de algo parecido a una enredadera en el, Se dispuso y comenzo a vestirse acomodando  ajustando algunas sonas, acomodo su cabello de manera diferente, recogiendolo a tal manera que bien podria parecer que este habia sido cortado a manera que no se notaba que tan largo era.

-En cuanto lleguemos a donde tengamos que hacerlo, o bien consiga otra ropa, lavare y regresare esto, ahora si me disculpa debo retirarme a hacer lo que me corresponde-

Mensiono haciendo una reverencia frente a el y manteniendo asi su mirada fija en el suelo esperando a que este le diera cualquier tipo de indicacion o sencillamente le ignorara, en cualquiera de esos casos ella simplemente lo tomaria y se retiraria.

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Re: Nieve blanca, sangre roja. Crónica de los exiliados.

Mensaje por Lans Tartare el Vie Feb 21, 2014 2:59 pm

Siempre han sido mal vistas las mujeres en el campo de batalla, y Chiara no mejora en nada la posición de las femeninas en dicho campo de ninguna manera, ni con su habla ni con accionar. Para alguien tan experimentado en el campo de la guerra a pesar de ser aun joven las palabras de la mujer son la de alguien muy idealista que roza lo estúpido, inocente e ignorante. Una persona así sin dudas no debería pisar un campo de batalla, debería dedicarse a otro oficio para el cual está capacitado.

-Las palabras de una chica estúpida, idealista, inocente e ignorante. Con esa clase de pensamientos deberías buscar otro oficio para el cual estés capacitada.Responde aquel joven hombre sin siquiera verle, puede que sea que esta tan cansado que no puede abrir los ojos o que simplemente no desea si quiera mirarla. -Si crees que ser un caballero es ir por el mundo con una capa blanca, sonrisa encantadora profesando el amor y la paz entonces estas realmente mal de la cabeza,  en el mundo no existe nadie así y menos que practique el arte de la guerra. No vinimos aquí a mostrarnos piadosos, vinimos a conquistar, a matar y a morir, y con el esfuerzo necesario tal vez matemos más de los que muramosUna verdad clara y contundente, mas allí en la realidad que viven los exiliados del Puño de Hierro.

-Si vienen por mi hija espero estar allí para protegerla, y si yo no estoy allí probablemente ya habré muerto mucho antes de que lleguen a ellaSu esposa fue asesinada en un intento de violación, decirle esas palabras a un hombre que carga con semejante herida no es justamente una buena idea.  Aun así no agrego mucho mas aquel hombre,  ya tiene claro enviar a Chiara de regreso por donde vino, de esa forma calmara a sus hombres y se evitara futuros altercados entre ella y los caballeros de Asbru. Escucha aquel hombre a la mujer pero no se inmuta, aunque luego decide hablar al escuchar que se mueve de un lado a otro y de seguro esta desnuda al no tener ropas que ponerse, aunque allí en ese sitio hay ropa de hombre de sobra si lo desea.

-Me has causado muchas molestias a mí y a otras, aunque no se cual es la prisa, sea cual sea el trabajo que tenias ha sido cosa del pasado, ya no tienes trabajo, no al menos con nosotrosEsas palabras las dijo sin un ápice de molestia, ni una pizca de tristeza, fue como si dijera “Hola buenos días”, así de sencillo. Ella hace una reverencia que él ni ve, aunque la sigue escuchando ya que duda mucho que la mujer entienda a la primera lo que acaba de informarle.  -Ya no tienes nada que te corresponda, y si eres inteligente no saldrás de esta habitación. No seré tu perro faldero para ir detrás de ti protegiendo tu vida del resto de los que desean su venganza, por lo que solo cuidare de tu vida aquí. Ya estas advertidaSe mostró bastante molesto al final de sus palabras, claramente el único que la puede proteger es el, pero hasta cierto punto. No estará Lans tras ella todo el rato, ni tampoco planea discutir ni enemistarse con los señores fieles a su padre, eso sería una estupidez y menos por una razón como la es la de Chiara y los prisioneros de la ciudad conquistada.

Las horas pasan y dentro de no mucho tiempo comenzara a amanecer para bienestar y gracia de los soldados conquistadores que están sufriendo el atroz frió de la región a pesar de estar bien refugiados.

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Re: Nieve blanca, sangre roja. Crónica de los exiliados.

Mensaje por Invitado el Lun Feb 24, 2014 3:20 pm

Escucho con atencion a el mas joven de los señores Tartare sin decir nada, sus palabras resonaron en sus oidos, y a ese instante sintio algo muy fuerte en el pecho ¿Era miedo, rabia, o tristeza?, no nada de esto ninguna sensacion era parecida a lo que sentia, era algo diferente, alzo la mirada y la clavo en el, era claro que el se encontraba bien lo podia notar, entonces solo quedaba una opcion, sin decir nada salio de aquella tienda y entre la nieve corrio sin importarle las miradas de aquellos que le juzgaban y los murmullos en su contra, llego a la tienda donde el Señor Tartare se encontraba "Descanzando", los hombres en la entrada le prohibieron el acceso de inmediato pero ella no podia darse el lujo de perder ni un segundo, en un descuido de los hombres les golpeo con la parte sin filo de su espada creando una pequeña herida en la nuca de estos, entro y se encontro con una imagen que le perturbo, sentado sobre su silla  frentea la mesa estaba el señor tartare, pero este tenia parte de su cuerpo recostado sobre la mesa

-Mi señor, ¿Se encuentra bien?-

Era claro que no obtendria respuesta asi, que se acerco  a el y con duidado le hizo sentarse correctamente, notando un charco de sangre en al mesa que habia emanado de su pecho, no lo penso dos veces y con sus fuerzas como pudo lo llevo hasta su cama, el señor Tartare no tenia la parte de arriba de su armadura y por esa razon le habian herido, con cuidado quito la prenda ensangrentada, notando la herida estaba muy cerca de ser mortal, era gracias a la proteccion prestada por ella en cuanto desperto de aquel golpe que tenia el tiempo suficiente para curarle, coloco sus manos en el pecho de su señor y una luz colo cian comenzo a emerger de estas, cubriendole por completo, cada segundo le hacia sentirse mas devil ya que era la primera vez que usaba "enserio" esa habilidad, y el dolor de el golpe en su cabeza se agudizaba, la herida se fue cerrando hasta quedar solo una diminuta linea, la respiracion de el señor Tartare poco a poco regreso a la normalidad, pero, algo aun andaba mal, el señor solo se quitaria la armadura ante alguien de mucha confianza, y ese alguien le irio y claro aun estaba ahi, pues al llegar no noto pisada alguna en direccion a afueras de el sitio. Un crugido tras ella le percato de que ese alguien se dirigia hacia ella, era un hombre realmente grande, sus ojos eran color de la noche al igual que su cabellera larga, nunca antes le habia visto, entonces habia otra opcion este de alguna manera se habia colado a la tienda sin que lo notase el señor Tartare y habia sido tomado por sorpresa.

-Apartate, si no quieres pasar lo mismo que el-

Mensiono aquel hombre con voz gruesa y aspera, Chiara se puso de pie pues para curar a su señor se habia colocado en cunclillas junto a su cama y se interpuso claramente en el camino de aquel hombre le miro hacia arriba pues este era mucho mas alto que ella

-Antes tendras que pasar por sobre de mi cadaver-

Mensiono firma a lo cual el hombre solamente rio a carcajadas y con el filo de su espada rozo la mejilla de la joven creando una delicada linea de la cual emergio su sangre, la tomo por los hombros y comenzo a presionar hacia abajo con la intencion de doblegarla y hacerle arrodillar, pero esta se resistio lo mas que pudo, sin dejar de mirar sus ojos, sonrio y abrio los labios delicadamente y comenzo a susurrar



El hombre comenzo a sentirse turturado y perseguido por sus propios y antiguos fantasmas, sonriente Chiara le vio "encongerse", abrazando su propio cuerpo este se fue al rincon mas cercano con una mirada perdia y un sudor frio recorrerle, Chiara temia ser reprendida como la ultima vez asi que dejo de cantar antes de que el hombre colapsara y lo dejo solo en un estado de shock, fue hacia la entrada y con sus fuerzas que quedaban arrastro a los soldados que llacian fuera aun inconcientes, y con cuidado curo la herida de cada uno recostandolos sobre el suelo.
Sus manos se encontraban manchadas de la sangre de el señor tartare ya seca tomo la prenda que antes le habia retirado y la miro entre sus manos, un poco borrosa era su vista asi que para no perder el equilibrio se sento junto a la cama y cerro los ojos, quien entrase en ese momento bien podria confundir la escena pues al estar ella manchada de sangre dos soldados inconcientes y el señor tartare recostado sin su camisa y con tambien marcas de sangre, podria imaginarse que ella es la causante de una masacre o traicion

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Re: Nieve blanca, sangre roja. Crónica de los exiliados.

Mensaje por Lans Tartare el Dom Mar 02, 2014 2:42 pm

El joven Tartare ya había dicho lo que tenía que decir, y ahora hace de niñero por así decirlo ya que más de uno se lanzara al cuello de Chiara para hacerle pagar por su osadía al ir contra de los deseos de uno o más caballeros en ese sitio. El debería estar celebrando reunión con su padre y otros caballeros de confianza con los que beberían e irían haciendo planes a corto plazo, planes de rápida acción que den soluciones rápidas para el pequeño pueblo que se asienta y que espera asentarse allí durante algún tiempo en ese sitio que es un buen lugar para prosperar.  
La joven guerrera deja ese lugar con sentimientos encontrados, sensaciones que nunca antes sintió comienzan a aferrarse a ella y le hacen dudar, eso es la guerra, un gran monstruo que cambia el corazón de las personas, en muchas genera sueños, pero en muchas otras se encarga de destruirlos y construir pesadillas que jamás terminan.

Nerviosa y tal vez hasta avergonzada de tener que pasar por lo que está pasando Chiara deja esa habitación donde cómodamente y protegida podría haber estado y corre por la noche sintiendo el frio y la nieve sobre ella, y también siente miradas acusadoras y vengativas sobre ella provenientes de la oscuridad del lugar.  Así llego a la tienda del Señor Beld Tartare, siendo observada y perseguida desde las lejanías siendo detenida por los guardias que hacen de centinelas para la protección de su Señor. Se armo allí una discusión y la mujer en un descuido de los dos guardias termino noqueando a ambos de un golpe en la cabeza, mas problemas para ella en un futuro que no deja de sumar problemas en su hoja de haberes.

Así termino entrando la mujer en la casa que tomo el señor Tartare para asentarse él personalmente y llevar a cabo una reunión con los suyos, al menos con la gente de confianza y con la cual necesitaba llevar a cabo consejo para determinar los pasos a seguir de allí en más. Dentro de ese lugar encuentra al Señor sentado sobre su silla al pie de la mesa, aunque cuando ella le habla este no responde, se mantiene tieso en su sitio. Lo extraño es que tampoco hay caballeros a su alrededor librando consejo, está completamente solo.  Se acerca a su señor para tratar de obtener una respuesta y lo que ve la espanta, ya que lo que ve es una gran cantidad de sangre sobre la mesa y el pecho abierto de Beld sangrante.  Lo lleva a rastras a su cama ya que es un cuerpo muerto, es bastante pesado, aunque por fortuna para ella no tiene su armadura puesta ¿No la tiene puesta? Eso es bastante extraño, casi imposible de imaginar en un hombre que al igual que su hijo rara vez está desprotegido incluso entre amigos.  No tiene tiempo de dar vueltas la joven mujer por lo que una vez lo coloca recostado en la cama boca arriba desgarra parte de sus ropas y comienza a sanar la herida de su señor para luego vendar las heridas leves que puedan llegar a quedarle ya que es probable que sus poderes no puedan sanar por completo una herida de tamaña envergadura.  Como pudo consiguió la mujer su cometido aunque el costo sobre ella se hace sentir, en especial cuando ese enemigo desleal se hace presente tras ella quien se percata del sonido particular de las botas al golpear el piso y así no la toma completamente desprevenida.
Spoiler:

Ese hombre que salió desde las sombras de la habitación viste armadura completa de muy buena calidad, lo mismo su arma, de muy buen acero y bien forjada, claramente tiene que tener mucho dinero y/o posición social para poder portar un equipo de esa talla.  Cada uno de ellos tiene deseos muy diferentes. Aquel hombre desea tomar la vida del señor Tartare y dicho sea de paso tomar a Chiara para el ya que ha llegado hasta allí. Chiara por su parte desea proteger a su señor y no está en sus planes entregar por el momento su virginidad  a nadie. Esos pensamientos y deseos llevaron a ambos a combatir ya que aquel caballero no está dispuesto a ver sus deseos negados solo por la insensatez de esa mujer hiriendo a la chica en la cara, a la cual acto seguido toma de los hombros y con mucha facilidad comienza a doblegarla ante él mostrando así una gran superioridad física sobre ella. A pesar de sus esfuerzos la joven mujer no pudo ganar esa afrenta de fuerza, pero mirando a los ojos de su agresor comenzó a cantar una melodía envuelta en un poder sobrenatural la cual calo directo y profundo en la mente de su ahora enemigo comenzando este a perder el control de sus emociones y a ceder a la frustración, a sus rencores y miedos, sin menciones a los traumas que si bien eran pequeños se agigantaron por culpa del poder mágica de Chiara. Termino ese hombre en posición fetal casi debajo de la mesa donde estuvo el señor Beld Tartare unos minutos atrás herido y muriendo, aunque la chica tiene otras cosas que hacer por lo que no pierde más tiempo y se lleva con ella a los dos guardias que estaban en el frio suelo de la entrada de esa casa para así hacerlos ingresar dentro de la misma. Con sus fuerzas mermadas se acerca a su señor y se sienta con el sabiendo que puede colapsar en cualquier instante. Le duele la cabeza y le cuesta ver, se le cierran los ojos y el cansancio en atroz, tanto así que no paso mucho tiempo más hasta que cerró los ojos y cedió completamente al sueño reparador que trae el necesitado descanso.

Paso casi una hora antes de que se hicieran presentes en el lugar varios hombres armados, entre ellos soldados, exploradores y algunos caballeros, y al final de todos ellos el hijo del señor Tartare también arribo con ellos para contemplar la escena que tiene extraños protagonistas en más extrañas circunstancias aun.  Más de uno preparo sus armas y ya maldiciendo de entrada a la mujer se acercaron a la misma y la redujeron de forma bruta poniéndole grilletes y cadenas como si fuera la criatura más vil del mundo. Otros en cambio se preocuparon más por la salud de su señor y comenzaron a revisarlo notando que está bastante herido pero fuera de peligro.

-Asegúrense de que despierte, llevarlos a ambos a una celda, y quiero a esos soldados bien lucidos, hablare con ellos en cuanto se hayan recuperado.-  A la orden de quien ahora está el mando al no estar en condiciones su padre se ponen en movimientos los hombres leales a los Tartare. No es alguien impulsivo Lans Tartare, de otro modo y estarían todos muertos allí, Chiara, el caballero, los soldados, todos muertos pasados por la espada.

Pasarían las horas y los soldados despertarían, y al hacerlo fueron inducidos a un fuerte interrogatorio con Lans presente y otros caballeros de importancia.  La mujer por su parte y el caballero que encontraron traumado despertarían cada uno en celdas diferentes, pero encadenados cual vil rufián y asesino en una cárcel improvisada la cual deja mucho que desear. Están fuertemente custodiados y por las caras que ven allí hay mas ganas de darles de comer acero que un mero pedazo de pan.

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Re: Nieve blanca, sangre roja. Crónica de los exiliados.

Mensaje por Invitado el Miér Mar 05, 2014 11:05 pm

El silencio se apodero de el lugar unos minutos, al ceder ante el cansancio solamente se dejo llevar, no supo nada de ella, un sonido le aviso que alguien mas habia llegado, "Por fin alguien, nos ayudara", penso ella sintiendo n alivio enorme, dejandose vencer por completo alfin, sabia que su señor estaria ya a salvo y ella al despertar podria terminar su labor por completo y terminar de cicatrizar aquella herida, eso era lo que ella pensaba, lo que deseaba, pero no era la realidad o amenos para ella, ya que como era de esperarse nadie veria con buenos ojos una escena asi, escucho a lo lejos la voz de Lans Tartare y sintiendo como su cuerpo era llevado, intento abrir sus ojos o por lo menos hablar para explicarse pero era claro que su cuerpo desaba otra cosa.
Escuchando voces a su alrededor, el aroma de el lugar cambio drasticamente era claro ya no se encontraba en los aposentos de el Rey, sonidos distorcionados por el cansancio, voces que no decian nada pero hacian mucho ruido en su cabeza, habia frio y despues de un tiempo solo silencio, para ella no pasaron mas que unos minutos pero era claro que su ment le jugaba una broma pues habia pasado ya horas desde aquel incidente, abrio sus ojos y miro solo algo borroso, suspiro e intento tallar sus ojos pero fue imposible sus manos estaban inhabilitadas, suspiro y mientras que su mirada se comenzaba a aclarar noto a aquel hombre que era seguro era el causante de lo que vio en los aposentos de el Señor Tartare y se percato de aquella "celda" improvisada, sus ojos se abrieron de par en par en cuanto noto ella tambien estaba ahi, miro las cadenas e intento safarse aun sabiendo que era imposible, no comprendia el que habia hecho mal, tal vez su error habia sido el no matar a el hombre que se encontraba en su misma situacion, o quizas su señor habia perecido y le habian encerrado por no cumplir su labor de cuidarle, Mil y un cosas pasaron por su mente sintiendo aun el cuerpo muy pesado y agotado, aun no se habia recuperado por completo.

-Necesito agua ...-
Susurro solo para ella pero era claro que quienes les cuidaban escucharon sus palabras, de una manera burlona le miraron y uno de ellos tomo un balde de agua y se la arrojaron empapando sus ropas y a ella por completo, seguramente esa agua provenia de el rio que pasaba por ahi cerca, y era aun ams claro que esa agua estaria practicamente congelada, titirito de frio y solo por un instante sus ojos se inhundaron con lagrimas, lagrimas que desaparecieron en un instante, miro a esos sujetos con odio, pero aun asi solo les sonrio e hizo que nada habia pasado desviando la mirada y fijando esta en un solo punto. Pasando los minutos su cuerpo se comenzaba a entumir, y apretaba los dientes con fuerza para no titiruitar, se sentia como una basura como algo y no como alguien, pero aun asi sabia que habria alguna explicacion al por que estaba ahi y pronto le sacarian ya sea para darle su libertad o su sentencia.

-Se va el sol... y todo se embellece.. con su luz, nos van a iluminar, ven conmigo... y asi la magia aparece, si en mis brazos hoy estas, la...lala estrellas veras...-

Cantaba aquel arrullo que hace años en su cuna habia escuchado, sin mirar en si nada solo aquel punto blanco en la nieve, pisadas abriendose paso entre la nieve se escuchaban acercandose a donde ella estaba, pero aun asi no levanto la vista, seguia fijando su mirada en la nieve y aun asi con una exprecion de orgullo, no dejaria notaran que por dentro sentia que algo se estaba desmoronando.

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Re: Nieve blanca, sangre roja. Crónica de los exiliados.

Mensaje por Lans Tartare el Miér Mar 12, 2014 10:06 pm

Todo va de mal en peor en esa que comenzó siendo una gran campaña para los Tartare y las buenas gentes que así los acompañan, dos victorias solidas en poco tiempo con pocas bajas, sorprenden y admirable, pero, entre tanto gozo y gloria no todo puede resultar así de perfecto.  “El peor enemigo del hombre, es el hombre” Eso suele decirse a menudo en una guerra, y claro, hoy por hoy ni el frio ni la escases de comida pueden dañar tanto a un pueblo como la avaricia, el egoísmo y la traición. Esta última puede venir de quien menos te lo esperas, incluso del ser más inocente, y Chiara para ser el modelo perfecto de traidor que jamás podrías imaginarte. El panorama para la mujer es tan oscuro como la propia noche sin luna, y por esa razón es llevada presa y puesta a disposición de los carceleros que con unas celdas improvisadas mantienen a los desacatados apresados y bien amansados.  Esta más que claro que lo que pida esa mujer es algo que a nadie le importa, la encadenaron como a un perro y la dejaron allí junto a otro tipo encadenado y en igualdad de condiciones. Cuando pidieron alimentos y agua se los arrojaron sobre el cuerpo sin dudar burlándose de ellos, ese es el trabajo de los carceleros allí.
La pobre chica no comprende nada, pero todo se está poniendo peor para ella y los tratos que tienen para con ella son inhumanos. Todo le está saliendo mal hora tras hora, todo es para peor y no importa cuánto lo intenta todo termina en burlas y maltratos. ¿Cuánto tiempo puede una persona mantener la Fe cuando todo se hunde? El abandono de la mujer es total, 0 respeto hacia ella pura maldad y humillación es lo que recibe una y otra vez cuando todo lo que hizo fu ayudar a una jovencita a mantener su virginidad. Todavía no está Chiara del todo quebrada, buscan en su interior y en su música la manera de sobrellevar esos terribles momentos de dolor y humillación encerrándose a sí misma en un mundo diferente a ese, en otro tiempo y con diferentes sensaciones mucho más agradables.

Incluso en su mundo inventado la jovencita puede escuchar las pisadas de varias personas acercándose hacia ese sitio, pisadas pesadas, claramente de hombres o de criaturas armadas, y en un campamento que participa de batallas lo más seguro es que sean hombres armados en busca de explicaciones, si es que el destino es bueno con ella y solo buscan explicaciones. Pero como se podía esperar de cómo viene la cosa no fue así, entraron allí a lo prepotente golpeando al individuo que acompaña a Chiara y a la propia Chiara en sí sin importarles nada ni nadie. Al hombre junto a la chica lo mataron sin más de un golpe de espada luego de haberlo golpeado bastante, y la chica nuevamente es producto de manoseos y de un nuevo intento de violación, y si estuviese en mejores condiciones podría haber reconocido a uno de sus atacantes ya que lo había visto antes tratando de acercarse a ella en horas anteriores de todo lo ocurrido últimamente entre ellos.  La escena se repite, y en este caso el desenlace es mucho más violento que en la escena anterior donde ella termino inconsciente sobre la fría nieve.  La mitad de un torso cayó sobre el cuerpo de Chiara, sangre, hueso y viseras sobre ella, calor y frio a la vez, humedad y asco por esa situación tan repentina que se presenta sin ninguna explicación ni coherencia alguna. Los dos agresores cayeron muertos y Lans Tartare cayó de rodillas frente a Chiara muy dañado portando heridas no solo de ese combate sino también de los anteriores.

-Los Tartare no somos tan ciegos como creen…- Fue lo que susurro mientras cierra los ojos y cae lentamente de costado hasta quedar apoyado en una de las paredes improvisadas de esa celda que casi se viene abajo sobre ellos.  El joven Tartare termino acostado a los pies de Chiara, pero con sus últimas fuerzas arranco de lleno el grillete que le sostenía las piernas, dando así libertad de movimiento a la golpeada y maltratada mujer. El hombre quedo en el suelo tieso y sin moverse, aunque se ve si se lo observa con atención durante algún tiempo que todavía esta respirando. El problema real viene a sus heridas, está perdiendo bastante sangre y es gracias a su gran fortaleza física que no se ha muerto todavía. Momentos después entraron varios hombres armados que tardaron en reaccionar cuando vieron la escena allí en ese lugar. Tienen claro lo que tienen que hacer pero los pudo la confusión del momento, el encontrar al hijo del Señor básicamente muerto fue todo un impacto para ellos. Algunos tomaron a Chiara y otros a Lans para sacarlos de allí y llevarlos a un mejor lugar, pareciese que de un momento a otro tanto padre como hijo pudiesen morir por ataques por la espalda, aunque el primero de ellos muestra signos de poder sobrevivir de forma casi segura a dicha desgracia.  Horas después el Señor Tartare comenzó a despertar mientras su hijo parece cada vez más cercano a la muerte, y nadie de los allí presentes tiene el valor para explicarle que su hijo está en esas condiciones de manera inexplicable.  La mujer por su parte fue bien atendida, y solo tenía golpes y patadas, ningún corte o golpe con arma poderosa por lo cual puede hablar y moverse con algo de dificultad.

La mañana empieza a llegar y sin embargo parece más oscura que la noche anterior. Los soldados se mantienen en vilo ya que no saben que es lo que pasa y el rumor de la muerte de los señores les pone los pelos de punta.  El sol se levanta llevando calor a los helados corazones y maltrechos ánimos con los que se encuentra ese campamento conquistado durante la noche anterior, siendo ese día muy poco agraciado tanto para perdedores como para ganadores.

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Re: Nieve blanca, sangre roja. Crónica de los exiliados.

Mensaje por Invitado el Jue Mar 13, 2014 6:51 pm

Y esos pasos, ese crujir de la nieve era ni más ni menos que aquellos hombres, deseosos de burlas, deseosos de robar vida, robar lo único valiosos que tenía aquella joven aun, pero no importaba dentro de ella ya se había iniciado una pequeña chispa que daría inicio a un incendio, pero aún no había viento suficiente para avivarlo, aun solo existía esa chispa, que deseosa de crecer la mantenía cuerda, no podía forcejear, algo en ella se había dado por vencida no tenía energía y ante aquellos golpes solo inmutaba algún quejido de dolor que enseguida acallaba para no parecer débil o darle gusto a aquellos hombres, las caricias impropias mancillaban su piel delicada, piel que ahora sentía más frio que nunca, no por la nieve si no por algo que la había abandonado, algo invisible pero que la mantenía cálida sin importar casi nada. Su mente estaba más que preparada para lo peor, estaba lista para sentir aquel dolor punzante y verse despojada de su dignidad, mas sin embargo regreso de aquella lejana oscuridad, en el momento en que un algo de luz la trajo a la realidad, miro aquel dorso, miro viseras y sangre que al contacto de su piel desnuda contrastaba en temperatura, miro al más joven de  los Tartare, de una manera que le hizo sentirse confundida, no daba cavidad, a lo que sus ojos miraban, cerró los ojos a espera de su turno, pero le miro caer a su lado, regalándole de nuevo su libertad, unos segundos un par de segundos pudo tocar su rostro y dedicarle una caricia de cariño, pues pese a que el diera la orden de haberle encerrado, sabía que no era una mala persona, una sola caricia y una leve sonrisa en sus labios manchados de sangre  y suciedad antes de ser llevada junto con el . Comenzaron a curarle, y limpiar su cuerpo mancillado horas antes, y cuando este proceso termino se dispuso a ponerse de pie, aunque claro estaba que quienes le curaron habían indicado reposo, su mente no se lo permitiría, sus ideales, su podría llamarse código, se vistió de nuevo y volvió a recoger su cabello, y aunque con el cuerpo y alma adoloridos mantenía un rostro de orgullo y caminaba lo más recta, como si fuese un árbol, de esos que aunque miles de cosas le esconden la luz  del sol y el agua de la vida, siempre busca la manera de ir hacia ellos y crecen aún más hermosos, que aquellos que se les brindo lo esencial desde un principio.


En los ojos de los propios y extraños , de aquellos “Triunfantes” y “Derrotados”, se podía notar una sombra de incertidumbre, una sombra que bien mostraba el terror de sus almas, y no era de menos, sabia de los rumores, sabia de la innecesaria condolencia de algunos, camino un poco buscando y sin hablar con nadie, se encontró en donde estaba el joven Tartare y su padre, su corazón deseaba darle una explicación de lo que ahí había sucedido, pero ella misma no sabía absolutamente nada de lo que hace unas horas había querido sumergir a su hijo en el mismo abismo de sombras que muchos en esa guerra, hizo una leve reverencia ante su señor, colocándose de rodillas frente a este y mirando ligeramente a él joven Tartare que se estaba debatiendo entre la luz y las tinieblas.

-Disculpe mi atrevimiento, pero deseo me permita  curar las heridas de su hijo, sé que bien le han atendido, pero puede curarse aún más rápido si acepta mi ayuda, puedo notar el alma quebrantada de algunos  cuantos si no es por decir que de la mayoría, yo solo soy una herramienta y como tal suplico el fungir como eso, y dar lo necesario para que el objetivo de esta guerra que bien ya ha sido en su mayoría alcanzado , pueda tener un final como el que todos esperamos, con sus señores completos en cuerpo y alma al frente gallardos y eliminando toda cobardía de sus hombres con tan solo unas palabras de gloria –

Como respuesta en aquel sitio ante las miradas aun acusadoras de unos y amables de otros, Chiara no alzo su mirada más que un par de segundos, notando la aprobación de su señor con un leve movimiento en su cabeza, quienes se encontraban alrededor de él joven Tartare, se hicieron a un costado a esta aproximarse, tal vez por temor o por simple que parezca darle un espacio libre y lo suficientemente amplio para hacer su labor. Sabia esta vez perfectamente que hacer y dejo descansar ambas manos en el abdomen de el joven, en aquel lugar justo bajo el ombligo donde se encuentra el plexo solar de todo ser vivo y donde todas las energías se juntan y esparcen por todo el cuerpo, visto de una manera científica, este lugar seria el sitio donde todas las venas del cuerpo se juntan y vuelven a separarse siguiendo su trayectoria por todo el cuerpo. Dejo ver esa luz de nuevo una luz que dejo de ser cian y se transformó en un celeste muy brillante, se concentró lo suficiente para que la energía comenzara a fluir  por cada herida, sanano en su mayoría, aunque claro está que no por completo, casi pudo sentir como la vida regresaba, como si el alma de aquel hombre regresara a incorporarse en su lugar, el color regreso al rostro de el joven, y esta termino su labor con una ligera pero muy rápida sonrisa. No espero agradecimientos ni mucho menos, sabía que en ese momento ya no era necesaria ahí, en esa habitación, así que haciendo de nuevo una reverencia y sintiendo su cuerpo cansado salió de aquel lugar, y camino por entre la nieve que con la caricia del sol comenzaba a suavizarse un poco, había una pequeña, de hecho diminuta montaña, mejor dicho una roca, cubierta por la nieve, con un poco de trabajo se subió a esta y se sentó mirando hacia el horizonte y de nuevo volvió su vista a la gente que se encontraba ahí,  abrió sus labios para cantar de nuevo, no sabía que efecto daría esa canción a quienes lograran escucharla, pues era la primera vez que la entonaría, una melodía que surgía del alma, de lo más profundo de su ser, pero no la detendría y canto como nunca antes.

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Re: Nieve blanca, sangre roja. Crónica de los exiliados.

Mensaje por Lans Tartare el Miér Mar 26, 2014 9:37 am

La sensación de enojo y frustración del joven Tartare al conseguir descubrir que es lo que había pasado esa noche con su padre y con algunos allegados a ellos fue terrible, para un caballero valiente y honrado la traición y la codicia es incomprensible, y lo que es peor, muchos de ellos no las saben detectar a tiempo y son tomados por sorpresa en el peor momento.  La única culpa real que puede tener el más joven de los Tartare, o al menos el hombre más joven de esa familia es poseer esa ingenuidad de pensar que todos los caballeros serian justos y honrados como es el ideal que se profesa en el mundo, aunque claro que al ser mortales no son perfectos dictan mucho de ser cobardes y crueles, lejos suelen estar de esas falencias humanas. La traición fue llevada a cabo de una forma que no se esperaban, ni siquiera alguien tan experimentado como su padre, las distracciones montadas alrededor de dicho acto cobarde y rastrero no le dejaron percibir la realidad oculta entre mentiras y costo fue muy alto para sí mismo, pero más para los que el aprecia.

Pudieron golpear a la mujer bastante, y humillarle con caricias e insultos, despojándola de ropas incluso, quebrando básicamente su espíritu, o lo hubieran hecho de haber conseguido despojarla de su virginidad y honradez de forma humillante y violenta, pero no fue así, por obra del destino aquel hombre que dio la orden de ponerla en prisión junto al otro caballero hasta que haya claras explicaciones de lo ocurrido con su padre fue quien la salva de tal indeseado acto y le concede la libertad una vez más, libertad que costo prácticamente la vida de Lans Tartare. Lo último que vio aquel hombre antes de caer y cerrar los ojos fue a Chiara tocarle el rostro, pero no sintió el tacto de su piel, sus sentidos, su cuerpo ya no podía sentir algo tan cálido y dulce como el toque de la doncella.  Cada uno de ellos fue sacado de allí y fueron limpiados y curados lo mejor que pudieron, siendo Chiara la que se recupero primero y pudo andar, muy lastimada pero al menos con dificultad puede andar. La mayoría no lo vio prudente, pero ante los rumores de la muerte del hijo del señor nada importaba ya, se muera ella o no la terrible perdida ya la tuvieron y no hay forma de volver atrás el reloj de la vida en un cuerpo mortal una vez este se detuvo.  Cuando llego donde están el Señor y su joven hijo la escena fue bastante desgarradora, incluso para hombres formados en armas que están dispuestos a matar y a morir por sus ideales el ver a un padre perdiendo a su hijo es algo que nunca agrada. Ningún padre que ame a su hijo de verdad puede sentarse y ver a morir a su propia sangre sin hacer nada, y la razón se nubla ante el dolor y la desesperación de dicha perdida tan definitiva y cruel.

-¿Cómo esta mi hijo?- Increpa el señor Tartare que aun no del todo recuperado pero bastante estable está desesperado por ver a su hijo en ese estado donde las heridas de su cuerpo se ven profundas y frescas, pareciera incluso que no están cerradas del todo aun.

-Mi señor…El joven Lans tiene puñaladas en el torso, en los brazos, y una muy cercana al corazón que fue hecha a traición desde la espalda…No lo ha matado de milagro…Pero, pero…- El médico suda y se lo ve lleno de miedo, lo que va a decir es algo obvio, pero nadie en la sala se atreve a decirlo, prefieren hacer la vista a un costado y los que pueden irse de allí lo hacen. -¿Y eso qué? Mi hijo tiene que despertar cueste lo que cueste ¡¿Me oyó?! ¡Cueste lo que cueste!- Grito Beld tomando del cuello al doctor y levantándolo varios centímetros de donde se encuentra el suelo. Loa caballeros allí presentes se acercaron para tomar a su Señor de los hombros y brazos sujetándolo y tratando de calmarlo, una pena, no se puede hacer mucho por Beld en una situación como esa, y menos por Lans Tartare que ni se le nota ya el respirar, como si sus pulmones ya no lo hicieran, como si ya hubieran dejado de funcionar.  En esos turbios y dolorosos momentos donde todo parece terminar definitivamente para el joven Tartare Chiara se hace presente arrodillándose ante su señor quien la mira con enojo, lleno de furia, no es algo personal, a todos los está mirando por igual ya que el dolor de perder a su hijo le nubla el sano juicio y le llena de rabia el corazón. Las palabras de Chiara no cayeron en gracia de los allí presentes, después de todo muchos dicen que el joven Tartare pierde la vida por culpa de esa mujer, y que la raíz de todas las disputas en ella y sus brujerías paganas.

-Una herramienta que debía cuidar de mi hijo si no mal recuerdo, ese fue el trato con su maestro, pero así son los tratos, rara vez los pueden mantener en pie-  No fue una respuesta dulce la de Beld Tartare, pero tampoco hizo ademan de detener a la mujer, los demás caballeros allí presentes tampoco, después de todo ya dieron por perdido el hecho de que el joven Tartare pudiera sobrevivir a dichas heridas las cuales son múltiples y profundas, en especial la de la espalda.  Le dejaron el lugar necesario a la joven Chiara para que llegara hasta el cuerpo inerte de Lans Tartare para posar ambas manos debajo del ombligo y sentir como la vida y la muerte se pelean por permanecer y reclamar ese cuerpo como suyo propio.  La energía propia de Chiara, aquella que proviene de su parte celestial comenzó a fluir por el interior de Lans Tartare de forma lenta, le cuesta sanarlo, las heridas son gravísimas, y ella ya ha combatido más de una vez, ha usado ese poder ya anteriormente y hasta ha quedado inconsciente, ha sido maltratada de varias formas, su fuerza no es la de siempre, y la de ese hombre que pierde la vida tampoco lo es.  Traspiro Chiara, sintió frio en el cuerpo y dolor en la mente, un esfuerzo grande fue lo tuvo que hacer para alejar los espectros de muerte del interior del joven allí moribundo quien volvió a respirar de nuevo, con dificultad pero respira aun. La piel de ese hombre se ve bastante sana, y sus heridas cerradas y sin sangrar, aunque la mínima fuerza ejercida sobre las mismas las abrirán de nuevo de manera mortal.
Al terminar su labor allí Chiara se retiro en silencio, y los demás presentes tampoco dijeron nada, por momentos esa habitación se transformo en algo pareció a un funeral debido a la atmosfera silenciosa y pesada de la misma.

Ya fuera de la habitación lejos de caballeros y muerte la joven mujer encuentra un buen lugar donde se sienta a descansar y observa a una gran cantidad de personas que la observan, la mayoría desde lejos en su prisión, pero hubo más de un soldado y algún que otro caballero que la siguió en silencio para ser testigo de lo que fue la mayor obra de arte que hayan conocido en su vida. Muchos de los prisioneros encontraron la paz de inmediato cayendo en un hermoso sueño de fantasía, los caballeros desenfundaron sus armas y tras un ademan de respeto se retiraron en silencio, muchos soldados bajaron la mirada al suelo escarchado y se cubrieron el rostro para que no se les viese llorar.  

El sol comenzó a abrirse paso lentamente sobre los cielos de Asbru, su calor busco la tierra y sus habitantes trayendo la esperanza y el bienestar una vez más disipando las frías tinieblas de la noche. Como si estos fueran atraídos hacia Chiara ella fue por el momento la mas iluminada, como  si fuera un ángel que está siendo besada por el poderoso astro solar omnipresente en los cielos del mundo conocido.


Comenzarían a trabajar de nuevo al llegar el nuevo día, el resto del grupo que conforma a los exiliados del Puño de Hierro se unió a ellos horas despues, la mayoría civiles y no combatientes junto a un pequeño grupo armado para protegerlos de algún que otro inconveniente. Una vez mas la familia fue reunida, o asi se lo recordaran en tiempos futuros a ese los que logren sobrevivir a dicha cruzada tan valerosa como violenta.

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Re: Nieve blanca, sangre roja. Crónica de los exiliados.

Mensaje por Setsuna Shinomori el Mar Oct 28, 2014 9:31 pm

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Re: Nieve blanca, sangre roja. Crónica de los exiliados.

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